Femicidio de Úrsula Bahillo: ¿quién dijo que el patriarcado era cosa del pasado?

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El día lunes 8 de febrero, un policía de la Bonaerense terminó con la vida de Úrsula Bahillo en la localidad bonaerense de Rojas. A su corta edad (era tan solo una nena de 18 años), ya había denunciado a su victimario 18 VECES (Sí, leíste bien, 18 veces)… Como si con una sola denuncia no bastara para frenar la violencia de género que era ejercida sobre la joven.

Otra vez se repite la misma historia, nos indigna, nos duele, nos vuelve a sumergir en la bronca y desesperación por no poder hacer nada. Otra vez perdemos a una de las nuestras, se la llevan (si, se la llevan). Se la llevó Matías Ezequiel Martínez, se la llevó el Estado y la Justicia por ser cómplices del femicida de Úrsula, al igual que de los otros tantos que han quedado en total libertad y que se la llevan de arriba.

Hoy nos duele el nombre de Úrsula, ayer nos dolió otra compañera y lamentablemente ya sabemos que mañana nos tocará llorar a otra más. No somos sólo nombres, pero al parecer para el Estado así de efímeras somos, porque otra vez nos dejó muy en claro que se podría haber evitado pero decidieron mirar hacia un costado, lavarse las manos.

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Los números que revelan las estadísticas asustan: Cada 20 horas en nuestro país, una mujer muere en manos de un varón (es decir que todos los días se efectúa un femicidio). En lo que va del 2021 son 43 femicidios los que se contabilizaron, una cifra alarmante teniendo en cuenta que solo pasaron 41 días desde el comienzo del año.

La pregunta es para los varones: ¿A qué mujer tendrían que matar de tu vida para que te preocupe la violencia de género? ¿y por qué es para ellos? Porque a nosotras simplemente nos toca, porque a nosotras se nos impone transformar el miedo y el dolor en una lucha colectiva, mientras que a ellos solo se los interroga desde una posición individualista y privilegiada en la que se desligan del accionar de los demás. Cuando tienen la oportunidad de ponerle un límite al amigo que hace un comentario fuera de lugar, al padre que maltrata y sigue perpetuando el maltrato misógino para con su mujer y así podría continuar con varios ejemplos más, prefieren dejarla pasar porque no quieren cuestionarse hechos que los incomodan.

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Existen en sus charlas diarias este tema que a nosotras nos preocupa en todo momento del día y todos los días de nuestras vidas? ¿O ni siquiera se les pasa por la cabeza ya que no corren riesgo sus vidas?

Y los medios, ¿comunican? ¿qué rol cumplen?

Cómo nos comunicamos es fundamental para entender cuál es camino. Debemos empezar a replantearnos las formas que se emplean a la hora de comunicar cuestiones de violencia de género, se debe utilizar como herramienta fundamental un lenguaje apropiado para comunicar con responsabilidad desde una perspectiva feminista.

Los medios de comunicación deberían tomar cartas en el asunto, desarrollar la problemática de las violencias con la altura que requiere un tema tan delicado como lo es la violencia de genero. Se deben generar espacios de debate en los que se enseñe y se explique el abordaje de la Ley Micaela. Tiene que haber concientización desde la base del problema, atacar las ideologías impuestas por esta sociedad machista y profundizar sobre el tema para erradicarlo. Pero si en los medios nos cuentan las noticias de los femicidios y no hacen hincapié en desmenuzar la raíz del mismo es imposible que se deje de perpetuar el machismo.

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¿Vamos a seguir esperando que actúe la justicia o tendremos que salir a defendernos con mano propia? ¿Qué más tiene que pasar para que se empiece a accionar? Quienes deben velar por nuestra seguridad son los mismos que cuidaron al policía femicida, son los mismos que violentaron sin motivos a la amiga de Úrsula cuando fue a la comisaria a pedir justicia por ella. Entonces decime, ¿cómo no nos vamos a indignar? Si denunciamos, no nos toman la denuncia. Si salimos a trabajar, tenemos miedo que nuestro jefe nos drogue para luego abusar de nosotras. Si denunciamos por redes, solo queremos llamar la atención. Si salimos, no sabemos si vamos a volver.

Es por estos motivos y por muchos más que necesitamos con carácter de urgencia una reforma judicial que nos ampare a todas las mujeres para poder vivir en paz. Pero por ahora, nos cuidamos entre las pibas.

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