La Comuna frenó provisoriamente la demolición de la histórica Casa Bagley en Bernal

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Parte importante de la historia de Bernal y de Quilmes se perderá con la demolición de la antigua casona Bagley, que no se encuentra protegida como “patrimonio histórico” por negligencia de los legisladores. El Municipio paralizó momentáneamente las obras porque se pusieron en marcha sin el correspondiente permiso, pero la reducción a escombros será inevitable. 

Desde la Junta de Estudios Históricos de Quilmes (JEHQ) señalaron que las obras de demolición del inmueble situado en la esquina de Av. Zapiola y Dorrego, en Bernal, comenzaron hace una semana. Los responsables del trabajo no habrían solicitado la autorización correspondiente a la Comuna por lo que, cuando trascendió este martes lo que ocurría en la propiedad, se desplazaron hasta allí inspectores de la secretaría de Obras Públicas. Los funcionarios paralizaron los trabajos, labraron actas de infracción y colocaron fajas de clausura en los ingresos.  

En simultáneo, las autoridades de la JEHQ fueron al Palacio Comunal e intentaron presentar una nota por mesa de entradas, pero se encontraron con burocracia: en vez de atender el pedido de intervención de forma urgente les pidieron que acreditaran sus cargos de representación. En el Concejo Deliberante tuvieron algo más de suerte y fueron recibidos por el presidente del Cuerpo Legislativo, Fabio Báez, quien es precisamente titular de la Comisión de Patrimonio Histórico. Nos dijo que estaban trabajando con este tema, y que tienen el proyecto de prohibir la demolición y tratar de recuperar el edificio. Se comprometió a convocarnos para trabajar en una ordenanza que proteja todos estos edificios antiguos, por más que sean privados”, señalaron los historiadores. 

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No obstante y pese a las buenas intenciones, lamentablemente la demolición ya existió. “Sólo queda la ‘cáscara’: el costado que da a Dorrego y el frente con la galería, pero del fondo nada y tampoco de las ventanas hacia adentro. Si se mantiene eso se puede hacer una restauración y puede funcionar allí un centro cultural. Pero ya la casa está demolida”, agregó otra fuente de la Junta de Estudios Históricos. 

En diálogo con InfoQuilmes el reconocido historiador quilmeño Chalo Agnelli, detalló que la casona Bagley nunca fue declarada como patrimonio histórico y cultural “a pesar de que desde hace varios años la arquitecta Marta Oliva, que fue directora de Patrimonio en varias administraciones, hizo el pedido. Ninguna administración nos escuchó, reclamó.

Foto: Diego López (2006)

HISTORIA

La construcción de la casona en cuestión data de la segunda mitad del 1800 y es (o era) de los pocos exponentes del Bernal señorial de grandes quintas de veraneo que aún se mantienen en pie. Fue mandada a construir por uno de los primeros pobladores de Bernal, el norteamericano (de apellido inglés) Melville Sewell Bagley, quien arribó a la Argentina en 1862. Se trata del emprendedor que logró imponer con su nombre la reconocida marca de galletitas. 

Pero ese no fue el único mérito del reconocido empresario. Cuenta la historia que de los naranjos que Bagley tenía en el jardín de esa casona de Zapiola y Dorrego (como ahora conocemos a esas calles) logró crear una bebida aperitiva que rápidamente se hizo muy popular: la hesperidina. Su ingenio lo llevó a lanzar una novedosa campaña de propaganda con enormes letreros pintados en un carro tirado por un caballo que se paseaba por las calles porteñas. 

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En los medios de prensa se le adjudicaba propiedades salutíferas, muy beneficiosa para las funciones digestivas y circulatorias. El nombre Hesperidina recuerda al Jardín de las Hespérides donde se encontraban mágicas naranjas doradas (que en realidad eran manzanas). Curiosamente fue la primera marca en ser patentada en Argentina: El 27 de octubre de 1876 el presidente Avellaneda, convencido por Bagley de su necesidad, crea el Registro de Marcas y Patentes.

Además de empresario, Melville S. Bagley fue un ilustre vecino que en 1873 integró la sociedad que instaló el tranvía a caballo en Quilmes, que iba de la estación hasta la Ribera, aunque tuvo poca duración. Falleció el 14 de julio de 1880 a los 42 años, después de haber dejado un legado que aún perdura en el tiempo, salvo su vieja casona que hoy corre el riesgo de terminar de desaparecer.

Uno de los posteriores dueños fue Alfredo De Marchi, presidente de la Unión Industrial y luego Ministro de Agricultura de la Nación. De Marchi era hermano del Barón Antonio de Marchi, casado con una sobrina del Gral. Julio A. Roca, y se menciona que en más de una oportunidad el General Roca visitó la finca. Más “recientemente” vivió en esa casa el artista plástico Héctor Viola y la plagó de música el guitarrista Julio Urruty, figuras imprescindibles del Capital Social quilmeño.

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EDITORIAL

Después de estos relatos que nos llevan a un viaje en el tiempo emocionante para quienes amamos la ciudad, no queda más que pesar por la pérdida de estos importantes e imponentes edificios que decoran el paisaje de los vecinos, que son parte de nuestra memoria cultural como pueblo. 

También hay lugar para la indignación de saber que el proyecto para proteger esta casona, como se protege también por ordenanza al barrio Villa Argentina (el “barrio cervecero”), no fue oído por ninguno de los últimos gobiernos, a pesar de la insistencia de la Junta de Estudios Históricos.  

Nuestros concejales, que seguramente paseen por el mundo y se saquen fotos junto a importantes construcciones de la historia, cuando son locales y de ellos depende la conservación no le han dado la relevancia que los proyectos merecían. Ahora es tarde: pese a la buena voluntad del Presidente del Concejo y de la Comisión de Patrimonio, Fabio Báez, la demolición está casi concluida. ¿Será que podrán salvar algo?

Créditos

Foto de portada: Diego López

Historia: Con datos de Los Quilmeros

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