8 de marzo: No nos digas feliz día.

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Feliz día va a ser cuando no falte ninguna.

Como todos los 8 de marzo, se conmemora alrededor de todo el mundo la lucha de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos y la igualdad de género.

Un poco de historia

El 8 de marzo de 1857, con el lema “Pan y Rosas”, miles de trabajadoras textiles tomaron la decisión de salir a las calles de Nueva York en forma de protesta por las precarias condiciones laborales y exigiendo el fin del “trabajo infantil”, además pedían por una reducción en la carga horaria de la jornada de trabajo.

Años más tarde, el 25 de marzo de 1911, se produjo una tragedia fatal producto de un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist , en Nueva York, en la que perdieron la vida 146 personas, de las cuales 123 eran mujeres y 23 hombres.

Por estos acontecimientos históricos, en 1975, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) determinó oficialmente el día 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. 

Hoy en día la lucha continúa por eliminar la violencia de género y lograr que exista una igualdad entre mujeres y hombres.

No queremos más femicidios, travesticidios y transfemicidios. Todos ellos son crímenes sociales.

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El feminismo busca la igualdad de género, es decir, la paridad de derechos entre mujeres y varones. No debemos confundir que por reclamar una igualdad de condiciones entre géneros vayamos a actuar de la misma forma en la que se comportan los varones, no se asusten.

PH: Morena Firpo.

¿Qué es lo que se pide en este 8 de marzo y para lo que resta del año?  

A pesar de que este es un 8 de marzo diferente (recordemos que luego de una lucha colectiva se aprobó una ley de aborto legal en nuestro país), aún nos desilusiona ver como este sistema patriarcal protege a aquellos que nos arrebatan la vida de una mujer cada 23 horas.

Nos matan porque creen que somos un objeto, porque creen que somos de ellos, que les pertenecemos, que no tenemos derechos, que no valemos nada. Entonces, ¿quiénes nos cuidan?  Nos cuidan las pibas, sí. Esas amigas que esperan un mensaje de nosotras cuando llegamos a casa, aquellas que son nuestro apoyo cuando nos toca denunciar y nos cierran las puertas en la cara, aquellas que no nos dejan solas cuando la sociedad te da la espalda.

Es hora de una reforma judicial. Si el cambio no es radical, no funciona. La justicia tiene que sacarse la venda de los ojos y ver la realidad que transitamos a diario todas las mujeres.

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Ya no podemos esperar más. Es ahora. Basta de perder el tiempo. Es hora de que la perspectiva de género y la diversidad sea una política de Estado.

También pedimos que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los varones en los ámbitos laborales. No está bien que en la política mundial las mujeres ocupen sólo el 21% de los cargos ministeriales, ni tampoco que, en Argentina, sólo el 10% de las intendencias del país las desempeñen mujeres.

Lo mismo sucede en los medios de comunicación. Se estima que en la Argentina sólo el 27 % de las notas informativas son transmitidas por mujeres en los diarios, la televisión y la radio.

Y qué decir de las tareas del hogar… Sin ir más lejos, se da por asumido que las mujeres son quienes deben encargarse de las tareas domésticas. Sin embargo, a eso que se cree que es amor, en realidad, se le llama trabajo no remunerado. Para que exista igualdad de género, no ofrezcan su ayuda, ni su colaboración porque no es una obligación de la mujer ser ama de casa, es un trabajo que nos toca realizar a todas/os, sin distinción de géneros.

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Hartas de la violencia laboral y sexista, la discriminación que sufren las mujeres en los ámbitos laborales, con frases tales como: “las mujeres no piensan, no tienen la capacidad”, “les pagan por no pensar”. ¿Cuántas veces escuchaste esto? Esto mismo, es violencia.

Exigimos porque jamás hemos tenido el derecho de poder salir a la calle vestidas como queremos, con ropa ajustada o suelta. ¿Acaso importa lo que una lleve puesto? No queremos sentirnos incomodas a la hora de salir de nuestras casas, de sentirnos observadas, recibiendo comentarios desagradables e innecesarios sobre nuestros cuerpos, tener que soportar el famoso “piropo” cuando nosotras ni siquiera lo pedimos ni lo necesitamos.

En lo teoría entender que “NO es No” parece fácil, pero en la práctica pareciera que para muchos el “NO” es un sí. Un pensamiento no sólo de carácter prehistórico, sino que ejerce una violencia sobre nosotras por no saber entender cuando decimos que no. 

Por eso, no nos digas feliz día, no nos regales flores, ni chocolates, no es eso lo que queremos. A partir de hoy, empecemos a construir el cambio a través de la reflexión colectiva.

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