Por Facundo Muñoz

Biotecnólogo de la UNQ obtuvo una beca en EE.UU para «resucitar» un mamut

Se trata de Ramiro Perrotta, un biotecnólogo de la UNQ que obtuvo una beca de posdoctorado y en 2022 formará parte del equipo de George Church, el prestigioso genetista de la Universidad de Harvard. Participará del proyecto para resucitar al mamut lanudo.

Ramiro Perrotta cumplirá un sueño, realizará su postdoctorado en el equipo de George Church, el reconocido genetista e ingeniero molecular de la Universidad de Harvard, tras ganar una beca. Sin embargo, el hecho de ser aceptado para trabajar en semejante proyecto no es lo único a destacar. Juntos tendrán el objetivo de “resucitar” al mamut lanudo, una especie que habitó Asia y Europa hace 6 mil años.

El trabajo, del que participarán casi una centena de investigadores, recibió 15 millones de dólares. En el sitio oficial de la Universidad Nacional de Quilmes, el graduado narró cómo será la “de-extinción” del mamut que se llevará a cabo en la Escuela de Medicina de Harvard (con el apoyo de la empresa Colossal); describió las causas que conducen a revivir a una especie ya extinta; y relató el proceso a partir del cual fue finalmente seleccionado para la iniciativa.

¿Cómo se resucita a un mamut lanudo?

La de-extinción –el proceso inverso a la extinción– del mamut lanudo que pobló la Tierra hace miles de años será de genes, porque los restos que se hallaron en el permafrost –suelo congelado de regiones muy frías– no poseen células vivas. Para cumplir con el objetivo, Church, Perrotta y compañía trabajarán con elefantes asiáticos, porque son los parientes más cercanos y comparten nada menos que un 99.6 por ciento del genoma. “Tomaremos restos fósiles de los mamuts, reconstruiremos su ADN y lo alinearemos con el genoma del elefante actual. Luego, identificaremos los genes diferenciales que podrían hacer que los animales actuales se adapten a vivir en un entorno frío”, expresa Perrotta, que está por culminar su doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y desempeña sus tareas en el Instituto de Biología y Medicina Experimental del Conicet.

Ello implicaría crear un híbrido entre mamut y elefante. Sin embargo, mamutizar a un elefante, es decir, introducir las características biológicas del primero en el segundo, no es tarea sencilla. El equipo de investigadores recurrirá a las técnicas de ingeniería genética, específicamente a CRISPR/Cas9, las famosas tijeras por las cuales Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna obtuvieron el Nobel de Química en 2020. “En un cultivo celular, se toman células del elefante, se las edita genéticamente y luego se realizan transferencias nucleares. Después se crea un embrión y, eventualmente, se coloca en una madre subrogante, en una elefanta para que pueda gestar una cría”, explica Perrotta.

Con este procedimiento, el elefante que se gestará tendrá ese pequeño porcentaje de genes que le faltaba para ser un mamut lanudo. Por ejemplo, adquirirá las características necesarias para transportar oxígeno a bajas temperaturas de manera eficiente, tendrá más pelo, producirá más grasa corporal e, incluso, desarrollará orejas más pequeñas (ya que las grandes son menos eficientes térmicamente). “El equipo de Church ya identificó entre 50 y 60 genes diferenciales, así que tendremos que avanzar sobre todas esas ediciones genéticas en un solo organismo. Contamos con la tecnología, pero será un proceso largo. Creo que de aquí a cinco años podremos tener las primeras crías de elefantes genéticamente modificados con los rasgos del mamut”, destaca con entusiasmo el joven investigador.

¿Hay límites para la edición genética?

Las potencialidades de la edición genética aparentan ser infinitas: si se pudiera reconstruir el genoma, existiría la chance de “resucitar” cualquier especie que haya pisado el planeta. “El asunto es que, a la fecha, con la tecnología disponible, el requisito es que la especie en la cual el animal modificado se pueda gestar sea relativamente cercana. El miedo de muchos de que la experiencia de Jurassic Park sea finalmente posible es prácticamente infundado. Después de 6 millones de años no quedan restos de ADN que puedan ser leídos y los dinos se extinguieron hace más de 60 o 70 millones”, señala.

En 2019, Perrotta se enteró del proyecto que coordinaba George Church a partir de un documental. Así que, como estaba en la búsqueda de un laboratorio para desarrollar su postdoctorado, envió un correo para hacer una entrevista. Para su fortuna, el científico de Harvard le respondió que sí y el joven argentino explotó de la emoción. “En noviembre viajé a Boston y la verdad fue una experiencia increíble. Pasé todo el día en su laboratorio, di un seminario para casi 50 personas. Salí de ahí muy contento; cuando volví a Argentina me dijeron que me aceptaban pero que debía conseguirme mi propio financiamiento, necesitaba una beca”, comenta.

Con la pandemia y las restricciones a la circulación, la fiebre del comienzo se apagó un poco: “Pensaba, ¿a quién le voy a pedir un apoyo para de-extinguir un mamut? No me lo va a dar nadie”, admite. En marzo de 2021, no obstante, la Asociación Revivir y Restaurar (Revive and Restore) ofreció una beca para trabajar en el laboratorio de Church, así que se postuló y la obtuvo.

Fuente: Unq.edu.ar

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