Falleció el piloto original de la avioneta “El Pájaro”

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El reconocido piloto Osvaldo Guerrero, propietario de las avionetas publicitarias “El Pájaro”, falleció este lunes a los 85 años. Durante más de 40 años años sobrevoló los distritos de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, entre otros, con sus parlantes que eran “los que mejor se escuchan”. 

Si bien se había retirado hace tiempo, sus dos avionetas seguían volando no sólo con publicidades comerciales, sino también con campañas de concientización e incluso el año pasado con un homenaje a Diego Armando Maradona tras su muerte: al cumplirse 35 años del “gol del siglo”, convertido nada menos que a Inglaterra en el Mundial México 1986, voló por toda la región reproduciendo el histórico relato de Víctor Hugo Morales.

Osvaldo -conocido con los apodos de «El Pájaro», «Madrake» o «Maneco»- fue recordado por su hija Elizabeth como «un hombre muy dulce, muy paciente, súper puntual, respetuoso, cálido, amable. Un gran padre, nunca nos falto en casa, trabajó duro para que nada nos faltara, jamás nos levantó la mano, nos brindó todo su conocimiento, nos enseñó a manejar en el campo desde chicos, a cortar el pasto, a ganarnos la vida. Siempre sonriendo. Jamás se levantó de mal humor. De esos tipos buenos, únicos».

«De lo que se le preguntaba, él sabía. Con sus 85 años se acordaba de todo, de fechas, de cumpleaños, de anécdotas. Fue el hombre de los mil oficios. De niño trabajó como lustrabotas para ayudar en su casa, estuvo en la colimba, vendió papas en camiones en las esquinas de los pueblos, fue bombero voluntario, fue acompañante en TC, corredor de speedway, hizo motocross, y cuando conoció a mi mamá, en el año ’78, estudió para piloto y juntos crearon a ‘El Pájaro'», relató.

De sus seis hijos, Osvaldo Guerrero (28) es quien comanda hoy la empresa familiar de publicidad aérea. «Sabe llevarla muy bien adelante haciéndola crecer honrando el trabajo y dedicación de mis padres. Mi papá le enseñó todo lo que sabía, desde aviación hasta mecánica, a partir de los 16 años, cuando mi papá se enfermó de cáncer de Colón, y pensó que debía prepararlo por si algo le pasaba. Él dio batalla a la enfermedad, haciéndole honor a nuestro apellido y le ganó. Fue un mal momento para la familia, pero sería algo que ‘quedaría en el pasado'», aclaró la joven.

En el último tiempo Guerrero continuó trabajando brindando apoyo logístico a través de su experiencia y sabiduría: «Cortaba el pasto, preparaba los aviones, siempre aportando a la causa, y siempre trabajando, una característica muy marcada de la gente de su generación. No quería sentirse que ya no servía si no podía volar. Con mucho dolor e inesperadamente, hace Justo un año perdimos a mi mamá, Alicia Martínez, la columna vertebral de todos nosotros. Ahí empezó su calvario, su luz fue apagándose gradualmente, entristeció, no dormía de noche. Él quería irse con mi mamá, siempre lo decía. Poco a poco su luz se fue apagando».

Lo despidieron sus amigos de toda la vida tanto de su edad, como más chicos, pilotos a los que él formó y que hoy son comandantes, pilotos de línea, jefes, su cirujano oncólogo, policías, y su familia, sus hijos, sus yernos y su nuera que cumplieron un papel fundamental. «Vola alto pa… este va a ser tu vuelo de descanso! Te amo con mi vida, fuiste mi primer gran amor y mi orgullo más grande. Te voy a extrañar hasta que me toque partir a mi, tu hija coraje, cómo me llamabas vos», expresó Elizabeth Guerrero en una nota enviada a InfoQuilmes.

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