Con el reloj en contra y el proceso administrativo entrando en su etapa final, los cuidacoches de Quilmes activaron una estrategia de presión que busca ganar tiempo y condicionar la decisión del Ejecutivo local. En los últimos días comenzaron a juntar firmas entre comerciantes del centro de la ciudad con el objetivo de pedirle al Municipio que les permita continuar con el lavado de autos en la vía pública, una práctica que también se encuentra expresamente prohibida por la normativa vigente.
La movida es leída en el ámbito político como un último intento desesperado por sostener un esquema informal que quedará definitivamente marginado con la implementación del estacionamiento medido. El nuevo sistema no solo ordenará el tránsito y regulará el uso del espacio público, sino que además dejará sin margen de maniobra a quienes, durante años, se apropiaron de la calle como territorio propio, muchas veces bajo esquemas de presión y cobros compulsivos denunciados por vecinos y automovilistas.
La recolección de firmas, presentada como un reclamo “consensuado” con comerciantes, genera fuertes dudas puertas adentro del Municipio. Fuentes oficiales señalan que el estacionamiento medido es una política ya definida, con plazos claros y con respaldo político suficiente, y que no habrá marcha atrás pese a las presiones. En ese sentido, remarcan que el lavado de autos en la vía pública no solo es ilegal, sino que también genera problemas ambientales, de seguridad y de convivencia urbana.
Mientras la licitación avanza y abril aparece marcado en el calendario como el mes de inicio del nuevo sistema, el conflicto expone una tensión de fondo: el choque entre un modelo de ciudad que busca ordenar el espacio público y un entramado de prácticas informales que, acorraladas, intentan sobrevivir como sea. En ese escenario, la juntada de firmas parece menos un reclamo legítimo y más un manotazo de ahogado frente a un cambio que ya está en marcha y que promete alterar definitivamente el mapa del centro quilmeño.