Emprender a pesar de todo: la historia de Celena, una luchadora de Quilmes

Sábado, 22 de Agosto del 2026 - 10:18 hs.

La historia de Celena, una joven emprendedora de Quilmes, está marcada por el esfuerzo, las dificultades y, sobre todo, por la decisión de no bajar los brazos. Tiene 29 años, es madre de dos hijos y desde muy chica entendió que para salir adelante debía trabajar, aprender y volver a intentarlo cada vez que un proyecto no salía como esperaba.

Celena nació y creció en Quilmes Oeste y comenzó a trabajar desde pequeña para ayudar a su mamá, que era madre soltera. Mientras asistía al colegio, vendía ropa usada y también buscaba trabajos que pudiera combinar con sus estudios. Pasó por una casa de comidas, donde realizaba distintas tareas, y además se capacitó en peluquería y extensiones de pestañas.

A los 19 años terminó sus estudios y decidió apostar de lleno al emprendedurismo. Su primer gran proyecto fue la venta de calzados a través de las redes sociales. El negocio creció rápidamente, consiguió clientes de distintos lugares y comenzó a recibir pedidos incluso de personas que compraban para revender.

Sin embargo, en 2019 la fábrica de calzados a la que le compraba la mercadería cerró y Celena se quedó sin uno de sus principales proveedores. Sin conocer otras alternativas de confianza, tuvo que abandonar ese emprendimiento y comenzar nuevamente.

Junto a su pareja, Sebastián, atravesó entonces una etapa de dificultades económicas y laborales. Ambos tenían una hija pequeña y buscaban la manera de sostener a la familia. Celena consiguió durante un tiempo trabajo en una panadería, pero cuando esa posibilidad terminó decidió volver a emprender.

Esta vez regresó al rubro de la indumentaria y comenzó a viajar a Flores para conseguir mercadería. Al principio realizaba viajes incluso para uno o dos pedidos, pero continuó publicando sus productos en redes sociales aun cuando no tenía ventas.

La perseverancia comenzó a dar resultados. Los clientes aumentaron, sumó ropa, carteras, mochilas y artículos de blanquería y, con el tiempo, junto a Sebastián pudieron abrir su primer local.

Ese emprendimiento también significó pequeños grandes logros para la familia. Con mucho esfuerzo pudieron comprar muebles y distintos elementos para su casa. Sin embargo, nuevamente debieron enfrentar una situación inesperada.

Durante un embarazo que tuvo complicaciones, Celena atravesó períodos de internación, pérdidas y reposo. La situación hizo imposible mantener el ritmo de trabajo necesario para sostener el local y decidieron cerrarlo.

Después nació su segundo hijo, pero cuando apenas tenía un mes sufrió una convulsión y debió ser internado. La familia volvió a reorganizarse alrededor de la situación y el negocio quedó nuevamente en pausa. Tiempo después, el niño recibió un diagnóstico de TDAH.

A pesar de todos esos obstáculos, Celena y Sebastián no abandonaron la idea de emprender. Incluso llegaron a proyectar una marca propia de ropa llamada Bendita Indumentaria, inspirada en un versículo de Génesis. Sebastián comenzó a capacitarse en corte y confección, mientras Celena se encargaba de las telas, los diseños y las publicaciones.

El proyecto quedó suspendido por las circunstancias familiares, pero la idea de construir algo propio continuó.

Un nuevo comienzo con harina, redes sociales y trabajo artesanal

Tiempo después, la pareja decidió cambiar completamente de rubro y apostar por la panadería. Sebastián ya tenía experiencia en la actividad y Celena decidió acompañarlo.

Comenzaron con un pequeño puesto callejero y una producción completamente artesanal. Al principio utilizaban apenas un kilo de harina por día para preparar bolitas rellenas. Cuando sobraba mercadería, muchas veces la regalaban.

Las redes sociales volvieron a ser una herramienta fundamental para dar a conocer el emprendimiento. Poco a poco llegaron nuevos clientes y la producción comenzó a crecer.

Actualmente, según contó Celena a NewsDigitales, trabajan entre siete y ocho kilos de harina por día, todo de manera manual. Preparan bolitas rellenas, rosquitas, churros, panes caseros, tartas frutales y alfajores de maicena. Entre sus productos, las galletas de grasa son algunas de las más buscadas por los clientes.

El emprendimiento se llama Salmos 23, un nombre elegido por Celena a partir de su identificación con ese pasaje bíblico y de todo lo que atravesó a lo largo de su vida.

Ahora el objetivo es poder comprar una amasadora y un horno pastelero que les permitan aumentar la producción y reducir parte del esfuerzo que implica realizar todo de manera artesanal.

Las críticas y una respuesta desde la perseverancia

La historia de Celena también comenzó a ganar repercusión en las redes sociales. Sus publicaciones llegaron a otros emprendedores y recibió numerosos mensajes de personas que encontraron en su experiencia una motivación para continuar con sus propios proyectos.

Pero también aparecieron críticas. Algunas personas cuestionaron que vendiera en la calle, que hubiera cambiado varias veces de actividad o que no hubiera seguido una carrera profesional.

Para Celena, esos comentarios desconocen todo el camino que recorrió y las circunstancias que debió atravesar. En lugar de abandonar, decidió convertir esas críticas en una motivación para seguir adelante.

Su mirada sobre el éxito está vinculada principalmente con la capacidad de levantarse después de cada caída. A lo largo de su historia, tuvo que cerrar negocios, cambiar de rubro y empezar nuevamente, pero nunca dejó de buscar una alternativa para progresar junto a su familia.

“¿Caíste? Levantate. ¿Fracasaste? No importa, volvé a intentarlo”, es el mensaje que Celena transmite a quienes atraviesan dificultades.

Fuente: NewsDigitales