Más allá de su rol técnico en el Consejo de la Magistratura Nacional, ha asumido un compromiso social coordinando y dirigiendo equipos interdisciplinarios para la prevención de la violencia escolar, tarea por la que es convocada por distintas regionales educativas para asesorar a equipos directivos y también para disertar en congresos nacionales e internacionales.
Su trabajo parte de una convicción fundamental: la violencia escolar NO puede abordarse desde una sola disciplina ni con respuestas aisladas. Por eso, promueve el debate, la formación permanente y la construcción de estrategias conjuntas, nutriéndose de conocimientos provenientes de distintas áreas, como la pediatría, la psicopedagogía, el psicoanálisis y el derecho.
Entiende que resulta imprescindible fortalecer la articulación entre las familias, las instituciones educativas, la sociedad y la Justicia, construyendo espacios de escucha, prevención e intervención que permitan comprender las distintas realidades que atraviesan niños, niñas y adolescentes.
Uno de los ejes centrales de su trabajo es no normalizar la violencia. Reconocerla, poder nombrarla y generar espacios donde los jóvenes encuentren la posibilidad de expresar aquello que muchas veces les cuesta poner en palabras constituye un paso esencial para prevenir situaciones de mayor gravedad y construir entornos más saludables.
Toda esta labor es desarrollada desde un profundo compromiso académico, profesional y social, de manera honorífica y ad honorem, poniendo sus conocimientos, experiencia y tiempo al servicio de una problemática que requiere responsabilidad colectiva, capacitación constante y un compromiso sostenido de toda la comunidad.