Orgullo: Es quilmeña y a los 33 años investiga accidentes nucleares en París

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Julieta Romero nació en Quilmes, tiene 33 años y trabaja en la sede europea de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares junto a expertos de todo el planeta. La historia de una vecina que enaltece nuestra ciudad y brilla tanto en la ciencia como en el arte.

«Suelen pensar que los ingenieros nos ponemos un casco y nos metemos en lugares. A veces es así, pero no siempre. En mi caso, hay mucho Excel: investigo los eventos, incidentes y accidentes en plantas nucleares. Voy a la oficina de lunes a viernes de 9 a 17. El horario no es estricto y puedo trabajar de manera remota, pero lo presencial me permite encontrarme cara a cara con colegas de todas partes del mundo. Estoy con gente súper cosmopolita que habla diferentes formas de inglés. Algunos tienen 30 años de experiencia en el ámbito nuclear. Es fantástico”, cuenta Julieta Romero, mientras se prepara mates luego de un día de trabajo en su nueva casa de París.

Desde enero trabaja como analista de Desempeño para la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés). El primer mes en esta nueva tarea lo transitó de manera remota. Se mudó a París en febrero y vivirá allí por dos años, pasado este lapso volverá a su trabajo en Buenos Aires como responsable en una empresa del Estado de chequear que los reactores nucleares cumplan los requisitos para operar.

Su nuevo empleador le ofreció elegir entre nueve departamentos que se ajustaban a las características que había solicitado: que quedara cerca del trabajo y en una zona “viva y joven” con restaurantes a mano, que tuviera un sillón cama para las visitas y un balcón para dibujar afuera. Vio todos en un mismo día y se quedó con el último. Desde su ventana del tercer piso se disfruta una porción de París. Es fácil confundir al barrio de Batignolles con algún rincón porteño de Recoleta.

“Tengo cerca varios espacios públicos hermosos, además de barcitos y restaurantes. Es una zona súper movida. La elegí con la esperanza de que fuera así, porque cuando llegué estaba todo cerrado por la pandemia. De a poco fueron reabriendo”, describe.

Cada mañana se traslada desde su casa hasta la oficina de WANO en el barrio de La Défense, “el Puerto Madero de París”. Si es un día lindo hace el recorrido de seis kilómetros en bici. Si llueve, va en metro.Cuando no estudia reactores nucleares, Julieta dibuja. Por un enfoque estratégico, académico y económico, la ingeniería nuclear es su profesión principal y su veta artística la acompaña. Sueña con combinar ambas facetas de su personalidad. Por ahora, el lápiz queda relegado a un tiempo libre que no abunda.

«El trabajo es tan exigente que cuando llego a casa sólo quiero mirar alguna serie boba. Igual, intento hacerme un huequito para aflojar la mano. El otro día fui al Jardín de las Tullerías, frente al Museo del Louvre, y me tiré al pasto a dibujar unos patos dormilones».

Viajó a Francia sola con la idea de que su novio, Daniel, un desarrollador de videojuegos independiente con quien mantiene una relación abierta, viajara después. Se conocieron en 2019. Él vio una entrevista a Julieta en televisión sobre Chernóbil y empezó a seguirla en Twitter. De Twitter pasaron a Instagram y ahora están a punto de convivir en otro país.

«Que la relación sea abierta ayudó a esta transición. Él pensaba venir en junio, pero resultó imposible. WANO me da dos pasajes por año y utilicé uno para ir a Buenos Aires en julio. Todo ese mes me quedé en su casa. Cuando estamos lejos hablamos todos los días por videollamada. Somos un soporte emocional muy fuerte para el otro. Si todo sale bien, llega en unos días».

“Es un trabajo de ensueño. Lo pienso y me asombro porque tengo 33 años y ya estoy acá, algo no muy usual porque buscan gente con mucha experiencia, pero como me recibí a los 22 y hace diez años que trabajo en el mismo lugar reúno las condiciones necesarias”.

OBJETIVOS

Cada dos años, expertos en seguridad de plantas nucleares de distintas áreas -como radioprotección, mantenimiento, ingeniería y seguridad del núcleo, entre otras- se evalúan entre sí con el objetivo de marcar áreas a mejorar. En esta práctica se empareja a personal de WANO con profesionales de la industria que no forman parte de la asociación. Julieta participó de una revisión entre pares que se realizó en 2018 en España, como par de la industria en el área de protección contra incendios. Luego de aquella experiencia decidió que quería trabajar allí.

Uno de los reactores de Chernóbil falló durante una prueba y provocó en abril de 1986 el peor accidente nuclear y uno de los grandes desastres medioambientales del mundo: aún se debate cuántas personas fueron afectadas por la radiación. La tragedia motivó el nacimiento de WANO.

«La Asociación Mundial de Operadores Nucleares se creó para que todas las centrales podamos mirarnos y cuidarnos entre nosotros. Me pareció que lo que se hace es súper noble. Me fascinó. Cuando volví a Buenos Aires le conté mi interés a mi jefa. ́’Si te preparás para eso en dos años te postulo’, me dijo. Y fue lo que sucedió», explica.

Nucleoeléctrica Argentina opera las tres centrales nucleares del país: Embalse y Atucha I y II. El paquete accionario se reparte entre el Ministerio de Economía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y Emprendimientos Energéticos Binacionales Sociedad Anónima.Julieta tiene claras las razones de su cambio: “Me gusta mi trabajo en Buenos Aires, pero después de tanto tiempo comencé a sentir que se volvía rutinario y que podía ser más útil si incorporaba nuevos conocimientos. Cuando se terminen estos dos años tengo que volver y voy a poder aplicar lo que aprendí”.

RAÍCES

Mamá Silvia es maestra jardinera. Papá Alberto, vendedor de medicina prepaga. De su padre sabe que antes de dedicarse a vender fue programador autodidacta. Aunque sus raíces ancestrales están en Italia y España, Julieta fue hasta los ocho años al Colegio Alemán de Quilmes (Holmberg Schule) “porque era laico y barato”. Tenía un hermano mayor, Gonzalo, que falleció a los diez años en un accidente doméstico, mientras estaba de vacaciones con sus abuelos maternos en Córdoba.

La tragedia y la búsqueda de un nuevo comienzo motivaron la mudanza de la familia a Bariloche, donde nacieron sus dos hermanas menores, Luz y Ariela. En esa ciudad fue al colegio Instituto Primo Capraro (Deutsche Schule Bariloche).“Curiosa por naturaleza”, cuando terminó el colegio decidió estudiar la Licenciatura en Física en el Instituto Balseiro. Para ingresar debía cursar materias de los primeros dos años de una carrera de física, ingeniería o un campo afín en otra institución.

Optó por inscribirse en Ingeniería en Mecánica en la Universidad Nacional del Comahue, en Bariloche. Durante su paso por la carrera descubrió que era posible aplicar la creatividad en ingeniería y esto le permitiría no dejar de lado a su otra pasión, la artística. «Ingeniera nuclear de día. Artista de noche», se describe en su bio de Twitter.

Al Balseiro se ingresa luego de un proceso de admisión que incluye pruebas de matemáticas y física. Quienes la superan deben presentarse a una entrevista personal. Tras la selección final se anuncia a los ingresantes y ganadores de las becas de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que les permite dedicarse por completo al estudio. Una vez superado el ingreso, Julieta decidió cambiar la Licenciatura en Física por Ingeniería Nuclear.

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