“Me fui a ver que estuviera bien muerto. Lo maté, lo maté. Le di un tiro a uno. Necesito ropa para cambiarme", dijo Claudio Gastón "Perci" Galarza (22), apenas se bajó de una Honda Twister blanca reluciente. "Perci" venía de asaltar y matar a Eduardo Gómez (37), el dueño de esa moto (que la había comprado para ir desde su casa en Solano a su trabajo en Lanús)
La secuencia fue fugaz. Eduardo estaba parado en el semáforo cuando se le acercó un ladrón armado y le exigió la moto. Pero la víctima, a la que hacía poco le habían querido robar en esa misma zona, intentó resistirse. Los dos comenzaron a tironear hasta que el asaltante le disparó en el pecho, se subió a la moto y escapó.
El ruido del tiro llamó la atención de los vecinos que se asomaron para ver. De inmediato fueron a auxiliar a Eduardo, que había quedado en el piso sobre un charco de sangre. La Policía y la ambulancia tardaron una eternidad y Eduardo murió en el lugar.
"Fue Perci", dijo un vecino que reconoció al ladrón, quien vestía una remera amarilla y una gorra negra muy llamativa. A nadie le pareció descabellado. El día anterior, Claudio Gastón Galarza había asaltado un negocio de comida para mascotas en la misma esquina. Y solía robarle a la gente del barrio que esperaba el colectivo a la mañana para ir a trabajar.
Cuando la Policía llegó al lugar encontró el cuerpo de Eduardo cubierto con una manta. Tenía un tiro que le traspasó el antebrazo y lo hirió en el pecho, a la altura del corazón. Al lado de él había un casquillo de bala plateado.
Antes de ir a su casa en Yapeyú al 400, pasó por la esquina de Camino General Belgrano y Lynch. "Me fui a ver que estuviera bien muerto", lo escuchó decir un testigo.
Con los datos aportados por los testigos, la Policía salió a buscar al sospechoso y encontraron la Honda Twister que era de Eduardo. Dos días después del hecho, la Policía vio a "Perci" caminando por Yapeyú y Maure. Cuando lo fueron a detener, el delincuente logró infiltrarse por algunos pasillos del barrio, saltar por los techos y perderse de la vista de los policías.
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Media hora después, policías de civil vieron a Galarza armado en la puerta de su casa, insultando a los vecinos y haciendo gestos desafiantes. Los agentes de la comisaría 5° de Wilde se identificaron y el ladrón intentó escapar de nuevo.
En la fuga, "Perci" se tropezó, cayó al piso y cuando lo fueron a atrapar, empezó a tirar piñas y patadas a los policías. Entre varios lograron reducirlo. Por orden de la fiscal María Alejandra Olmos Coronel, de la UFI N° 1 de Avellaneda, Galarza quedó detenido.
Un año después de aquel episodio, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 de Lomas de Zamora realizó el juicio contra Galarza. Durante las tres audiencias declararon ocho testigos.
La fiscal Marcela Daimundo pidió declarar al acusado culpable por los delitos de "homicidio criminis causae, agravado por el empleo de un arma de fuego, en concurso real con robo calificado por el empleo de un arma de fuego".
En la última jornada, Galarza dijo ser inocente. Pero los jueces Jorge Omar Camino, Marcelo Hugo Dellature y Claudio Jorge Fernández avalaron el pedido de la fiscal y dictaron una condena a prisión perpetua.
"La verdad es que fue justo. Estamos muy conformes con el fallo. La fiscal la peleó bastante", expresó Viviana, la esposa de la víctima. "Obviamente es un aliciente. La nena de 8 años era su sombra, ella lo recuerda todo el tiempo. En las fechas puntuales decaemos. Estábamos esperando esto, que se haga justicia. No queríamos que quede en la nada", dijo la mujer.
Fuente: Clarín